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Psicologia positiva. Resultado negativo

La directora de RRHH de una multinacional francesa me decía hace un par de meses que uno de
sus objetivos estratégicos era optimizar la experiencia de los empleados. Algunos de los medios
para llegar a eso tenían que ver con poner frutas gratuitas disponibles en los coffee corners,
tener un futbolín y unas dianas para entretenerse, gimnasio, todos los beneficios sociales que
puedan imaginarse, formación basada en juegos (gaming), unos altos niveles de flexibilidad
laboral, yoga, pilates y unas cuantas cosas más. Aquello apuntaba a ser un paraíso. Y, sin
embargo, la empresa estaba insatisfecha con las puntuaciones que obtenía al competir para ser
nombrada Best place to work. Las encuestas de clima no terminaban de ser tan buenas como
ellos deseaban, siempre había nuevas reclamaciones y fuentes de insatisfacción.
Acabo de terminar de leer el libro de Jordan B. Peterson 12 reglas para vivir. Un antídoto al caos.
Vaya por delante que no es un libro de autoayuda. Quien lo compre pensando que lo es se
sentirá engañado, de hecho, está muy lejos de esos enfoques. No se encuentra en el libro nada
que se acerque a las filosofías complacientes y narcisistas que fomentan un optimismo naive,
infantil y, en última instancia, adormecedor. La psicología positiva, que tuvo pleno sentido en su
origen (como reacción a las psicologías que solo hablaban de lo patológico y las emociones
negativas), ha degenerado en una serie de postulados que persuaden a sus seguidores de
merecer todo incondicionalmente y que traen siempre, al final, nuevas y mayores frustraciones
para quienes los siguen porque, como explica Peterson, vivir no es fácil, el mal es real, está ahí,
y quienes ganan son los más fuertes. Es así, si no sabes eso vas a sufrir más que los que sí lo
saben.
Sin convertirse en un moralista, Peterson extrae de la filosofía, la literatura y hasta de la religión,
sólidos elementos a los que aferrarse en un mundo que está difuminando los límites entre el
bien y el mal, lo feo y lo bello y lo aceptable y lo rechazable. Peterson defiende el coraje
existencial y la responsabilidad individual frente al nihilismo que nos deja sin referentes.
En política, las psicologías positivas mal digeridas han abonado el terreno a los populistas de
todo signo (ellos cubrirán todas nuestras necesidades sin que hayamos de esforzarnos, no habrá
que trabajar para tener una renta, no habrá que estudiar para obtener un título). En el mundo
de las empresas y de la gestión de las personas, la psicología positiva mal entendida ha llevado
a confundir lo accesorio con lo verdaderamente esencial para que una relación laboral sea
sana, constructiva, creativa y mutuamente beneficiosa: el respeto genuino, el espacio para que
la persona contribuya todo lo que pueda en la empresa -en su puesto y más allá de él-, la
comunicación amplia y personal y unas condiciones de trabajo dignas y adecuadas a los recursos
de la empresa. Ni el futbolín ni el pilates podrán sustituir a un jefe/a que te cuente en persona
cómo están las cosas y qué tal lo estás haciendo, tampoco un responsable de comunicación
interna. Y tampoco podrán hacerlo los programas de chat o intercambio si la base de
comunicación humana no existe antes. 12 reglas para vivir. Un antídoto al caos nos hace mirar
a lo esencial y nos recuerda que las cosas auténticas, cuestan esfuerzo personal. Creo que los
gestores deberían tenerlo en cuenta.

Juan San Andrés
Consultor de Recursos Humanos y Organización

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