Saltear al contenido principal
info@juansanandres.com 639 75 64 24 Paseo de la Castellana, 74, 2º 28046 Madrid

El despertar de la señorita Prim

El despertar de la señorita Prim

 

Walden, Walden 2 y San Ireneo de Arnois.

 

 

Acabo de leer El despertar de la señorita Prim (Editorial Planeta, 2013), la primera novela de una querida amiga: Natalia Sanmartín Fenollera. Es una novela especial y valiente. Es especial porque , desde el principio, consigue trasladar al lector a un lugar y a un tiempo que huelen a costumbres, saberes y bellezas pasadas, aún sabiendo en todo momento que estamos en el tiempo actual. Es especial también porque, nada más acabarla, ya apetece releer ciertos párrafos en que se intuye que había más cosas por descubrir. Y es valiente por atreverse a reclamar -con mucha delicadeza- la consideración que merecen ciertos hábitos,maneras de pensar, creencias y principios antiguos ( ya pasados de moda ). La lectura me ha dejado un regusto de belleza y refinamiento y ha despertado en mi la añoranza de una paz , una calma y una manera de vivir y relacionarse que , probablemente ya sólo pueden encontrarse en las novelas (como ésta) o en los monasterios ( como bien sabe Natalia).

Image

 

Por una serie de razones El despertar de la señorita Prim me ha evocado dos libros que leí hace tiempo y con los que , me parece, comparte una cierta voluntad pedagógica y sociológica. Me refiero a Walden, de H.D. Thoreau, publicada en 1.854 y a Walden 2, de B.F. Skinner y publicada en 1.948. La primera recoge las reflexiones de su autor en relación con la pureza y la belleza que encontró al vivir solo en los bosques durante dos años, dos meses y dos días. Para Thoreau era necesario volver a una vida sencilla, en contacto con la naturaleza, para poderse reencontrar y ponerse a salvo del proceso de industrialización que estaba arrasando con los modos de vida tradicionales por aquel tiempo. En la segunda Skinner propone una sociedad nueva, regida por los principios de la ciencia de la conducta, en que los seres humanos podrían alcanzar un desarrollo óptimo mediante la erradicación de los instintos más primarios y antisociales ( que vendrían a ser una herencia genética incomoda de la que llegaríamos a librarnos gracias a la aplicación de los principios del condicionamiento operante). El autor fue muy criticado por esta obra.

 

Thoreau propone aislarse en la naturaleza para ser verdaderamente humanos, hacerse eremitas. Skinner sugiere reingenierizar nuestro medio social para perfeccionarlo a partir de la ciencia conductual. Natalia Sanmartín plantearía la posibilidad de redescubrir y aprovechar todo el conocimiento, la belleza y la delicadeza (esta idea es muy importante a lo largo de toda la novela) de tiempos pasados para permitir el desarrollo y el gozo de las personas. Su mensaje vendría a decir algo así como: no hay que inventar nuevas fórmulas ¡ya existen! En vez de recondicionar los instintos primarios -como propone Skinner- , eduquémoslos y sublimémoslos según nos ha enseñado la cultura clásica, en provecho de todos y de cada uno.

 

En el pueblecito donde se desarrolla casi toda la novela -San Ireneo de Arnois- las costumbres son muy diferentes de las de nuestro mundo actual: la gente no trabaja más de 4 o 5 horas al día; todo el mundo dedica tiempo a aprender cosas nuevas y a enseñar lo que saben a otros; hay tiempo para visitar a los vecinos, sentarse y charlar; la belleza es apreciada y compartida; la escuela sólo juega un papel muy secundario en la educación de los niños (aprenden sobre todo en las casas de los cultivados habitantes del pueblo); cada habitante es reconocido y valorado por su contribución a la comunidad (que resulta ser prácticamente autosuficiente); etc. Todos estos principios también podrían considerarse como “reingeniería social” pero estarán de acuerdo conmigo en que suenan mucho mejor que la propuesta conductista de Skinner.

 

Realmente la novela me ha encantado y, por ello, me permito recomendarsela a quienes se atrevan a desafiar la creencia de que nuestro mundo actual es la culminación, hasta la fecha, de la evolución humana.

 

Si algún lector no sabía lo que era el Trivium, lo aprenderá leyendo El despertar de la señorita Prim y, quizás, al terminar de leer la novela, le apetezca correr a formarse en él.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Volver arriba