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¡Menos liderazgo, por favor!

Tengo la sensación de que estamos abusando del concepto “liderazgo” como factor explicativo de casi todo . Se ha convertido en algo totémico y se ha desarrollado una mitología en torno a él. Los protagonistas, los dioses en esa teocracia, son los/as que lo ejercen: los lideres. Creo que ya se ha dicho y escrito casi todo acerca de ellos y que se han identificado innumerables tipos y subtipos de lideres. Como en las teocracias las necesidades humanas tienden a pasarse por alto y, de tanto mirar a los cielos del liderazgo de las personas buscando respuestas, nos olvidamos de poner los pies en el suelo de su gestión para buscar un sustento firme. Una de las liturgias de esa religión es la de ir incorporando al Olimpo nuevos dioses (lideres) de vez en cuando, aunque a algunos haya que bajarlos precipitadamente tras el cierre de la última auditoria. Otro acto litúrgico es la recolección y transmisión de frases, sean dichas por los lideres de cualquier ámbito (pueden ser del deporte, del arte, la ciencia o los negocios) o anónimas. Una de las anónimas más afortunadas, es “ Se gestionan las cosas, las personas se lideran”. La frase suena muy sensata y, sin embargo, al pensarlo dos veces yo creo que abunda en la mitología e induce a confusión ya que induce a pensar que el liderar y el gestionar son cosas excluyentes;  no lo son: no se puede liderar sin una gestión que se ajuste como un guante a ese liderazgo, que le dote de estructura (miremos al cielo, sí, pero también al suelo para no tropezar). Además la frase parece exaltar el liderazgo y denostar la gestión.

Con el tiempo y la práctica profesional he ido cambiando mis expectativas respecto a lo que cabe esperar de un jefe. Hoy en día me parece que con que un jefe lleve a cabo las tareas de gestión de la gente que son básicas podemos estar muy satisfechos. No estaría nada mal que todos fijaran y asignaran bien objetivos, planificasen recursos, facilitasen la interacción entre distintas funciones y evaluasen y gestionasen bien el desempeño, aunque parezca poco ambicioso al compararlo con las funciones del lider: proporcionar una visión de futuro, encarnar los valores dela Compañíao impulsar el alineamiento de las personas y procesos con la misión de la empresa.

Sin embargo a pesar de lo doméstico y  limitado (¿!) de las tareas de gestión, tienen algunas enormes virtudes: mucha gente podría hacerlas, pueden enseñarse, facilitan el trabajo de los colaboradores de manera casi inmediata y nos mantendrian dentro de lo real. Me he terminado convenciendo de que lideres hay muy poquitos  pero gerentes potencialmente buenos hay muchos más. Creo que deberíamos darnos un baño de realidad y apostar más por que se realicen de verdad las tareas de gestión ( empezando con los Directores Generales  pues sus actuaciones son siempre ejemplares, para bien y para mal) que por el desarrollo de liderazgos imaginarios en cada esquina dela Organización.

Son muchos los recursos y medios que se usan para crear supuestos lideres: cursos, conferencias, teatro, encuentros con famosos ex deportistas, con músicos y políticos, juegos de orientación, etc. pero ¿pueden crearse? Vieja discusión esta. Para Ortega y Gasset el Ser Humano carece de naturaleza, todo en él es aprendido, según él  sí podrían crearse. Por mi parte no veo muy viable hacer un lider de quien no lo es. Aunque gane más de 150.000 € . Sí veo mucho más factible que los gerentes ejecuten las tareas de gestión de personas necesarias para que todo el mundo pueda hacer su trabajo. Es menos glamuroso pero ya lo decía Cela: a la inspiración se llega por la transpiración. Algún día un verdadero lider visionario se percatará de esto.

Publicado originalmente en Expansión y Empleo en 2004.

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