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El CEO y la Inteligencia

La inteligencia es la capacidad de poner en relación los elementos relevantes de una situación para lograr dar una mejor respuesta ante ella. El aprendizaje es el proceso de incorporación a nuestro repertorio de posibles actuaciones, de los hallazgos hechos por la inteligencia. Lo dicho vale para los individuos y las organizaciones. Hay empresas que aprenden vegetativamente y otras que lo hacen activamente. Estas buscan sistemáticamente los datos relevantes del negocio, del mercado, de sus procesos, los analizan y trazan planes de mejora que, a su vez, son supervisados para someterlos a futuras mejoras; todo ello con método. Esas empresas saben por qué tienen éxito y pueden repetirlo en el futuro: expanden su inteligencia y, como consecuencia, su aprendizaje y conocimientos.

Las empresas inteligentes muestran una obsesión por la mejora que impregna su modo de hacer las cosas y pone a los procesos principales en una espiral sin fin que busca la mejora continua. Cada año acumulan mejoras que les llevan a conocer mejor cómo les valoran los clientes, cómo diseñar sus productos /servicios para satisfacerlos mejor, cómo reducir los periodos de cobro, como batir a los competidores o cómo captar a los mejores profesionales.

Los departamentos de esas empresas tienen objetivos comunes, además de los propios (a los clientes no les importan las cajitas de los organigramas), comparten datos, conocimientos y marcos comunes de trabajo más amplios que los originales. En ellos afrontan nuevos problemas que les exigen poner más capacidades en juego, ser más inteligentes y aprender como unidades.

La fuerza de la organización no está sólo en permitir la especialización del trabajo y el logro de resultados mediante la coordinación de los esfuerzos individuales y departamentales, está en conseguir que los conocimientos , estén en los departamentos en que estén, puedan sumarse para abordar nuevos y mayores problemas, en una atmósfera de mejora continua y con los métodos necesarios. Cuando esto ocurre grandes cantidades de inteligencia y talento se liberan y comienzan a ser aplicados.

El impulso por mejorar continuamente convierte a una empresa en el campo de cultivo donde los talentos individuales pueden encontrar una expresión verdadera. Cabe señalar que el talento utilizado dista enormemente del talento potencial que poseen los individuos y las organizaciones. Muchas empresas que luchan por captar personas brillantes, terminan encajándolas en puestos sin horizontes, sin nuevas demandas, con lo que la brillantez termina apagándose o yéndose a buscar oportunidades a otro sitio. Poner foco en la mejora continua de la empresa desbloquearía muchas capacidades cuya falta de uso les hace oxidarse.

Construir empresas que aprenden no es tarea para cualquier CEO. Se le exigen creencias, actitudes y conocimientos más bien escasos: es necesario que crea que su empresa es más que las suma de individualidades, que tenga una visión clara del potencial de rendimiento que se liberará cuando la gente coopere saltando las barreras departamentales, que ponga énfasis en el aprendizaje a todo nivel y que, sobre todo, tenga el coraje para desplegar hacia abajo los recursos de información, conocimiento y ámbitos de decisión ampliados que en las organizaciones tradicionales poseen sólo los directivos. La voluntad de llevar a cabo estas transformaciones y la capacidad de coordinarlas nos dirán mucho más sobre su liderazgo que cualquier declaración oficial.

Para conocer realmente a un lider hay que preguntarle, además de por sus resultados, por qué cosas ha aprendido su empresa durante su dirección, ¿ha hecho que aprenda más rápido? ¿que mejore cada año la satisfacción de sus clientes? ¿que detecte cada año antes las tendencias del mercado? ¿que rediseñe sus servicios o productos más rápido, a menor coste y mejor que los competidores? ¿que modifique sus procesos internos para hacerlos siempre más eficientes? ¿que escuche propuestas de sus profesionales y se beneficie de ellas?, etc. Por las respuestas a esas preguntas conoceremos al CEO.

Artículo publicado en Expansion & Empleo en 2009.

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